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JORGE ORTEGA:
LA CONQUISTA DEL SILENCIO
Nacido en Oaxaca en 1912. ha dedicado casi toda su vida a la docencia y ha realizado toda su carrera como pintor en nuestro país, en el que es pareciado prácticamente desde el principio de su proyección pública en la segunda mitad de la década de 1940. en este libro que ahora presentamos de Ortega, nos deja ver ese aire de frescura y de gracia de siempre, si bien con la añadidura de una sabiduría acrecentada con el paso del tiempo.

Esto ultimo significa transmutar la complejidad en sencillez o, para decirlo mejor, ganar sentido estético, abreviar la urdimbre pictórica reduciéndola a lo esencial.

Quien conozca la trayectoria de Jorge Ortega puede que se pregunte entonces cómo apurar más el lenguaje de la acuarela, si, de hecho, se ha mantenido siempre al margen de retóricas y ampulosidades. Los temas, de estirpe matissiana, eran sutiles variaciones de balcones mediterráneos, bodegones luminosos, espacios interiores de blanca intimidad. La forma de pintarlos, concisos arabescos lineales recortándose sobre planos de color, saturados de una luminosidad entre grises y azulados hay un cierto asombro en la mirada de Ortega por el gran arte, y desde luego, vemos ese gusto en artistas como Chardin, Monet, Seurat y Cézanne. Si a esta significativa línea de preferencias, le añadimos a Tuner, que, junto con Cézanne, es quizá el pintor histórico más presente en la obra de Ortega, tendremos definido no sólo el horizonte de su gusto personal, sino toda una declaración estética.

¿Qué se puede, a partir de ahí, por tanto, economizar? Pues Ortega nos demuestra que se puede, y lo hace alcanzando una concisión casi de fresco pompeyano. Aún más resulta que nos introduce algunos paisajes de su tierra natal y hasta se atreve a ampliar formatos, sea cual sea el tema, logrando con ello una espaciosidad radiante. Observador apasionado, casi fanático, de la realidad, que no reduce de forma prolija, sino honda e intensa, los temas obsesivamente recurrentes de Jorge Ortega han sido el paisaje y el retrato, que no pocas veces entremezcla, dando origen a una peculiar y angustiosa nueva versión de observar nuestra cotidianidad, solo que signada por el silencio más estremecedor.

El estilo de Ortega combina la precisión y dureza del contorno dibujado con la palpitación del empaste, lo que da a sus figuras una intensidad y una fuerza sobrecogedora. No creo que nadie pueda dejar de considerar hoy a Jorge Ortega como uno de los mejores acuarelistas vivos de México, pero quizá lo que mejor refleje su actitud artística sean sus propias palabras: “La acuarela me encantó por su transparencia, por su belleza, por su dificultad”.

El resultado de este trabajo de mas de cincuenta años, es un conjunto de cuadros repleto de fragancia poética, de belleza decantada. Transmiten paz y alegria de vivir. Son estimulantes. Asi cada vuelta a la pintura de Jorge Ortega, produce nueva seguridd en la fuente inagotable de la pintura y nuevas ganas para acudir a la próxima cita de volver a ver su libro.

Miguel Ángel Muñoz
miguelamunozpalos@prodigy.net.mx

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